Llegar a la música por el camino de las palabras...

sábado, 4 de febrero de 2012

Conversación telefónica

"La soledad es muy hermosa... cuando se tiene alguien a quien decírselo." (Gustavo Adolfo Bécquer)

Suena el teléfono. Descuelgo. Es Pedro llorando una vez más, su mujer, que le ha mandado al sofá. Le pregunto qué hay de malo en ello, si están echando La vida de Brian por enésima vez en la televisión. Se ríe, pero mis palabras no le producen consuelo. Me pide perdón por llamarme tan tarde. Le respondo que no importa, que me había metido medio litro de café en vena durante la cena. Silencio sepulcral. Me le imagino haciendo mutis por el foro. "La vida de soltero", le digo al auricular como toda respuesta.

Que están sin blanca, me cuenta. Llevan un par de meses sin parar de discutir. Que ya ni tocarla. La crisis y el matrimonio están acabando con él. Le digo que no hay peores seres en el mundo que las mujeres y los políticos. Me dice que no tengo ni idea, que nunca he estado enamorado. Le pregunto si se ha fijado bien en los pechos de la Pepa. Me dice que eso no es amor. Yo me río, puede que lleve razón.

Le ofrezco cambiar a Brian por los picos pardos de la noche madrileña. Me dice que estoy loco, que cuándo asentaré la cabeza. Le rezo a Dios por que ese momento no llegue nunca.
Deniega mi sugerencia alegando a no sé qué de un anillo en su dedo anular y unos votos que pronunció en su día.


A lo tonto nos dan las dos de la mañana. Me sorprendo a mí mismo cantando el Himno de Riego y alabando a la figura de Azaña. Ya me lo decía mi madre, que no tomase cafeína, que era la peor de las drogas. Pedro sigue al teléfono, en el fondo de su corazón siente a la tricolor, pero no lo manifiesta de la misma manera. Me dice que está cansado, que tiene que trabajar al día siguiente. Le sugiero que empalme dado que esa noche su miembro no se... Juego lingüístico. Nos reímos a carcajada limpia. Entonces Pedro se calla.

Su mujer, Teresa, se ha levantado. Les escucho vociferar, primero. Susurrar, después. Intuyo que mi amigo implora perdón. A continuación, silencio. "Oye, tío, que... Teresa, espera, no hagas eso". Se ríe. "Te tengo que colgar".

Me quedo solo, mi estado de naturaleza. Me pregunto si lo lógico no habría sido que le hubiese llamado yo a él. Es igual. Me imagino a Pedro desabrochando botones. Perdiéndose en el aroma femenino. En fin. Suspiro. Me voy al sofá.

Busco la cinta de vídeo. Llegado el momento, Brian y yo decimos a la vez: ¡Sí, señor! ¡Gracias, señor! Hail, César.
El televisor me contesta: ¡Hail, César! Si no está escrito al amanecer, te corto los cojones.

V

2 comentarios:

  1. Cuestion de enfoques sobre las bienaventuranzas del destino... o maldiciones

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  2. es genial, me rechifla. Puedes pasarte por mi blog y aconsejarme?? Pliiicheesss.

    Muak! gran blog!

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