Llegar a la música por el camino de las palabras...

viernes, 17 de agosto de 2012

La fina línea

"La recompensa de una buena acción es haberla hecho." (Séneca)

El cabo González entró en la comisaría; junto al pequeño calabozo se encontraba sentado el joven recluta Francisco Fernández, a quien estaba buscando. El muchacho parecía alicaído, tenía los puños apretados y la cabeza gacha.
González acercó una silla, enfrente del chico.
-¿Qué te ocurre, Francisco?
-Buenos días, cabo. No me sucede nada, no se preocupe, ya voy a hacer la ronda.
-Vamos, vamos, muchacho, que a mí no me engañas -lo apremió el agente.
-Es solo que a veces es tan fina la línea que separa el bien del mal... que se diluye y no puedo verla con claridad.
-Vaya, nos hemos levantado filosóficos.
Francisco levantó la cabeza y le sonrió. El cabo Javier González era lo más parecido a un padre que tenía y lo admiraba por la inmensa lealtad que le dedicaba al Cuerpo. Su mirada siempre era sincera y no existía persona alguna en la que confiara más que en aquel arrugado, pero fuerte, agente.
-Se trata del prisionero.
-Ah, con que por eso estás aquí sentado... ¿Ha ocurrido algo? -inquirió, preocupado, González.
-No, no... Bueno, sí. Ya sabe los problemas que nos estuvo dando este cuatrero -el prisionero había pasado un par de semanas robando gran parte del ganado de los vecinos del pueblo, quienes habían ido alarmándose ante la idea de tener que pasar más hambre que de costumbre-. Pues bien, finalmente conseguí arrestarle, allá, en la sierra, mientras hacía la ronda de la mañana.
-Y todos te están agradecidos ahora, ¿dónde reside el problema?
-El problema está en que lo encerré aquí, en el calabozo, y mírelo ahora...
Javier González fijó la vista en el reo, que ahora dormía. Aparentemente estaba todo normal, hasta que finalmente se dio cuenta de que tenía varios cortes a lo largo del brazo.
-¿Se ha intentado suicidar? -le preguntó al recluta.
Francisco negó con la cabeza.
-Anoche oí gritos que procedían de aquí mientras paseaba con mi hermana tras la cena, no había nadie por la calle, así que decidí entrar en el cuartel para averiguar qué ocurría. El teniente Ramírez no estaba vigilando, así que supuse, angustiado, que el prisionero se había quedado solo. Entré y no vi a nadie, por lo que me armé y me dirigí al calabozo, pero antes de entrar, aprecié el sonido de otra voz.
-¿Era Ramírez?
-No, era el capitán.
-¿Y qué hacía aquí el capitán, a esas horas?
-Estaba... -los ojos de Francisco se volvieron hacia el cuatrero- torturándolo.
-¡¿Qué?! -se sobresaltó González.
-Todos sabíamos que no estaba actuando solo, así que supongo que el capitán decidió por su cuenta y riesgo torturarle para descubrir quiénes estaban actuando junto a él.
-Pero... ¡¡es un simple ladrón!!
-Por eso le decía al principio que no estaba seguro de si había obrado bien al arrestarlo. Mírelo, creo que ha perdido mucha sangre...
-Mas está limpio.
-El capitán debió limpiarle las heridas antes de irse.
El cabo Javier González no salía de su asombro, todo este tiempo habían estado recibiendo órdenes de un torturador... tendría que informar a Comandancia inmediatamente.
-Y hablando del capitán, ¿dónde está ahora? -siguió interrogando al recluta.
-Cuando he llegado, me ha dicho que se iba con Martínez a la sierra, que había encontrado un rastro o no sé qué...
-O sea, que logró sacarle información -dedujo el cabo.
-Debe ser.
-Pero... no te preocupes, tú no sabías nada.
-Pero por mi culpa ahora ese hombre está herido, ¡y no sabemos a cuántos más habrá estado torturando! Cabo, yo no puedo con esto...
-¿Qué dices, muchacho?
-Que no es tan fácil juzgar a la gente, no puedo seguir la ley sin más, hay casos y casos...
-Francisco, tienes 21 años, es normal que pienses así, eres muy joven, pero créeme cuando te digo que en toda mi vida no he conocido a un hombre tan honrado como tú...
-¿Y de qué me sirve ser honrado? -preguntó Fernández en un susurro, con la mirada perdida.
-Te sirve porque darás con la mejor solución, siempre lo haces.
-La moral y la ley no van siempre de la mano.
-Eso es cierto.
-Por eso, cabo... creo que voy a dejar la Guardia Civil.

V

3 comentarios:

  1. creo que ya no tengo nada mas que decir, escribes de una manera tan definida y llena de matiz, que de muchas formas me hace sentir un principiante...un bello agrado no olvidarme de este lugar y poder leer tus escritos.
    un beso, preciosa.

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  2. Siendo la mejor versión que esperamos de uno mismo.

    Me espantaste por un momento. Creí que decía "la final linea". Ya preparaba el funeral y las semanas de duelo por la pérdida de tus palabras.

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  3. Jo que bien escribes! Tienes talento de verdad, no dejes nunca de escribir. Yo tambien escribo en mi blog, pasate si quieres www.loquenovesperosientes.blogspot.com me haria mucha ilusion que me siguieras :) yo ya te sigo.
    Un abrazo! :D

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